sábado, 27 de mayo de 2017
Espiritualidad
Visitas 60
Nuestra espiritualidad

SEGUIR HOY A JESÚS DESDE EL COTIDIANO CAMINO DE NAZARET

 
 
 
 
 
 
 

 Hermanar oración y trabajo

Esta expresión es el eje transversal del carisma josefino y refleja el dinamismo que unifica en el ser humano lo profundo con lo concreto, el esfuerzo con la espera nza. En los orígenes del proyecto josefino la propuesta de hermanar oración y trabajo nace en el contexto de la progresiva distancia que la revolución industrial había generado entre trabajo y realización humana.

No es un mero propósito espiritual para hacer presente a Dios en el trabajo. Es algo mucho mas radical, es vivir la experiencia honda de que Dios sostiene la vida y la recrea junto a nosotros/as en cada instante, que acompaña nuestra libertad y nos está haciendo ser lo que somos. Es descubrir que esa oferta de salvación (nuestra felicidad) que pone en nuestras manos, sólo puede ser vivida con otros/as, pues nos ha creado para la alteridad (Génesis) y nos ha hecho hijos/as en el Hijo, es decir, miembros de la nueva familia del Reino, que sólo es posible entre hermanos/as, desde relaciones de igualdad, con compromisos mutuos y un proyecto común. Por eso, nuestro trabajo sólo será nuestro cuando genere redes de fraternidad y sororidad, cuando mejore la realidad, cuando no sólo me dignifique a mi, sino a los/as que están a mi lado, e incluso más lejos, en nuestro hoy globalizado.

Hermanar oración y trabajo es, en el carisma josefino, una seña de identidad comunitaria con vocación de propuesta alternativa, que nace de nuestra opción creyente y se proyecta en la vida cotidiana como elemento dinamizador de nuestra lucha por transformar las estructuras injustas e ir creando pequeños espacios de construcción de un mundo más justo, fraterno/sororal y solidario.

Hermanar oración y trabajo es dejarse interpelar por el Dios Abbá de Jesús, haciéndonos sus seguidores/as en la vida, evitando que la oración se convierta en un mero ejercicio ascético o devocional, sino en un espacio provocador e interpelador personal y comunitariamente.

 

 Nazaret

El "humus" donde se asienta la espiritualidad (estilo de vida y de fe) josefina, es en los años vividos por Jesús en Nazaret. Allí es donde Jesús aprendió a ser hombre, y no en abstracto, sino a ser él mismo.

Jesús toda su vida fue el Nazareno y eso marcó su vida y así cuando él volvió a Nazaret fue confrontado por su pueblo: "¿no es éste el hijo del carpintero?" (Mt 13,53-58) y fue cuestionado desde su cotidianidad y eso es lo que a veces nos asusta, el ser familiares y por ello vulnerables y él lo fue. Nunca dejó de ser el nazareno, aunque no fuera profeta en su tierra.Nazaret expresa todo un estilo de vida, pues lo que cuestiona en Jesús no es el aparecer como hijo de un pueblo insignificante (Jn 1,45- 46) sino cómo vivió cada uno de esos momentos de su vida, cómo experimentó la existencia, cómo miró el mundo y cómo se relacionó con los demás. Y eso lo aprendió en aquel humilde hogar de artesanos.

Así de sencillo. Sin más pretensiones. Sin afanarse en otra cosa que en llenar la vida de calidad en medio de un trabajo responsable y unas relaciones con los demás tremendamente humanas.

 

Mundo trabajador pobre

Si hermanar oración y trabajo es el eje transversal del carisma y Nazaret el humus donde se enraíza, el mundo trabajador y pobre es la realidad hacia donde orientar nuestro compromiso. Y lo es, porque el rostro de Dios que emana de nuestra oración tiene manos y mirada trabajadora y pobre.

Convertir el dinamismo espiritual que emana de hermanar oración y trabajo en una opción radical por los/as que no tienen trabajo, por los/as que lo viven en condiciones injustas, luchando contra los abusos laborales, por las discriminaciones raza, género o cultura.

Entender  el seguimiento de Jesús, como un estar con él donde él estuvo, es decir, en las fronteras sociales, sanando, acompañando y transgrediendo todo aquello que impide la felicidad de los seres humanos. Y desde el carisma brota una frontera referencial, la que genera el mundo laboral y de mercado, sostenido por unas estructuras económicas injustas, marcadas por sistemas sociales patriarcales y la prepotencia cultural del norte sobre el sur.

Generar plataformas alternativas desde la dinámica del taller, que potencie la  inclusividad, la solidaridad y la promoción desde y con el mundo trabajador y pobre. Comprometernos y optar por este mundo supone: Descubrir que Dios se encarna para nosotr@s en el mundo trabajador y pobre y ello nos desafía a escuchar la palabra de Dios a la luz del dolor, de la esperanza, de los sueños de este mundo nos dará audacia y creatividad para encarnar el compromiso.

El carisma josefino ha de ser memoria viva de la mujer trabajadora y pobre, capaz de hacer experiencia de Dios en su misma realidad social y asumiendo los desafíos de su época.

 

Silencio/Palabra, al estilo de Nazaret

En una realidad como la nuestra, la palabra es la expresión de un contenido, de sentimientos, deseos, planes, análisis... incluso quien posee la palabra tiene el poder. De ello saben las empresas de marketing, el poder oculto de la palabra, y lo que puede despertar en poseedores de la verdad y hace dificultoso escuchar la versión del otro, de forma abierta, acogedora, descubriendo lo que se me revela en el otro.

Este oficio de expresión y de poder de la palabra, a su vez, nos permite concretar y narrar el contenido de la vida, creando, dando forma, y sintiendo la belleza y verdad que hay.

El silencio guarda el verdadero valor de la realidad, por eso no necesita ser gritado, no defendido; es y existe sin alarde, ni grandeza. No está vacío sino que contiene lo que es. Incluso las palabras que no dice, no por cobardía, sino como decisión asumida que lleva a esperar, a resistir en las situaciones de conflicto y sabe decir la palabra constructiva en el momento adecuado. Por esto el silencio no es contrario a la palabra, las dos pueden ser expresión de la vida y de la historia.

De ello nos dio ejemplo Bonifacia y tanto su silencio como su palabra llenan de contenido su experiencia de Dios, su pasión por el Reino, su fidelidad en medo de serias dificultades. En ausencia de palabras, su silencio fue su roca firme, el aire limpio que sostiene la esperanza, la grandeza aparente de la debilidad.

 

Amor

 Pablo cuando escribe a los Romanos, después de un arduo discurso teológico sobre la salvación, plantea cómo se vive y se transmite esa salvación y lo resume en una sola frase: "que vuestro amor no sea una farsa", es decir, tomaos en serio el amor. Y a continuación va a decir cómo se verifica que se ha tomado en serio el amor:

 

  - en los procesos de discernimiento de la vida (12,9)

 - en la gratuidad (2,11)

  - en el servicio (12,11)

 - en la alegría, esperanza y fe (12,12)

 -  en la hospitalidad (12,13)

  - en ser bendición para el otro (12,15)

 

 Y al final resume: "No te dejes vencer por el mal, antes bien, vence al mal a fuerza de bien", esto es amar.

Este amor no es algo general, es un amor concreto y eficaz. Es lo que hace posible la ética del taller y lo convierte en propuesta alternativa, no por su eficacia, sino por el espacio de bendición que genera a partir de unos valores que brotan desde abajo y se encarna en una respuesta cotidiana pero audaz.

Una respuesta nazarena que sueña con cambiar la realidad desde el trabajo hermanado con la oración y convertirse en promesa y bendición para el mundo trabajador y pobre.

 

Fe

Para la Biblia la fe no es asumir dogmas y verdades o profesar una religión. Para la Biblia la fe es confianza y su contrario es el miedo. A veces hemos puesto la fe en cumplir preceptos o mandamientos y nos dejábamos guiar por lo que venía de afuera y no la vivíamos como una opción personal que marcaba a fuego nuestra existencia y que nos exigía un diálogo continuo con Dios y una permanente actitud de confrontación con la realidad.

 

La fe que reclama Jesús en sus seguidores/as es la que nace de la tradición bíblica, la que nos empuja a confiar como lo hizo la hemorroísa (Mc 5,25- 34 ) , esta es la auténtica, la que asume el riesgo, la que confía, la que espera contra toda esperanza...vivir así la fe nos sitúa de forma diferente ante la vida y ante Dios.

 

El taller josefino necesita hombres y mujeres con este tipo de fe desde la que enraíza los valores alternativos que el taller anuncia y se arriesgar a vivirlos.

 

Bonifacia, una vez más nos precede y nos muestra como vivir sin dejarse herir, asentados/as en una experiencia de fe que impulsa más allá de lo predecible y sostiene más acá de lo esperado.

 

 Ella nos recuerda aquellas palabras de Isaías al rey Ajaz: “si no os arriesgáis no experimentaréis que sois sostenidos/as” (Is 7,9).

 

 

 Sencillez

La sencillez nos suena a menudo a descomplicación, a falta de conflicto, a cotidiano y eso es verdad, pero a veces nos olvidamos de la carga de profundidad que esta palabra tiene.

La sencillez es una actitud ante la vida, es decidirse a ver la realidad desde la altura de los pequeños y no pretender abarcarlo todo estirándose como gigantes. Es saber recibirlo todo como Don. Es no asumir la violencia como respuesta ni el poder como estrategia.

Siendo sencillos nos sentiremos consolados/as, heredaremos el futuro, descubriremos a Dios en la vida, y viviremos el aquí y ahora del Reino. Militar en la sencillez, es renunciar a los privilegios, enfrentar sin armas a los/as poderosos/as defender la bondad del corazón sin que el odio y la venganza nos la robe (Mt 11,29).Todo eso supone lealtad y compromiso, supone fe y esperanza, supone ser incomprendido/a e incluso ser perseguido/a (Mt 5,11), pero esa es la ética del Reino y es la ética del taller josefino y su desafío.

 

 

 

Dosatic S.L. © 2017
Site desarrollado por DYNAMO 3.5

Política de Privacidad