martes, 27 de junio de 2017
Sobre D. Gabriel Pérez
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Sacerdote de salamanca
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Bienaventurados los misericordiosos                                                                                                                                   D. Gabriel Pérez: 1925-2015
 
Son muchas las Siervas de san José y las antiguas alumnas de nuestro Colegio de Salamanca que guardamos un recuerdo entrañable y lleno de agradecimiento a este gran sacerdote, que recién ordenado se dedicó con alma y vida a una intensa acción pastoral en el Colegio.

Cuánto bien nos hizo con sus evangélicas orientaciones en sus horas de confesionario, en las charlas, oraciones, Eucaristías, entrevistas... Siempre cercano y profundo, delicado y prudente, acogedor y bondadoso, humilde y sencillo, positivo y generoso, sabio y gran creyente, trabajador incansable y distendido, profesor, escritor y un sacerdote conforme el corazón de Dios.

El Señor al recibirle en su casa le habrá dicho: Ven, siervo bueno y fiel. Que goce de su presencia e interceda por nosotros.

Transcribimos aquí la reseña que Xavier Pikaza ha escrito y publicado sobre él:
Tras breve enfermedad, cargado de años y virtudes (el 24.07.2015) ha fallecido en Salamanca, el Profesor. Gabriel Pérez Rodríguez, de la Universidad. Pontificia, un hombre de labor callada y eficaz. Empezó colaborando con Mons. Setién, luego con Olegario González de Cardenal (de quienes sería vice-decano en la Facultad. de Teología). Fue decano, ayudante y colaborador de cardenales (Fernando. Sebastián, A. Rouco, A. Cañizares, Ricardo. Blázquez...) y de otros muchos obispos.
 

Muchos buscaron sus servicios, todos se valieron de él... Fue un hombre para los demás, cristiano antes que profesor, canónico y deán de la SIC de Salamanca. Más que para sí trabajó para otros, en la Universidad Pontificia y en la diócesis de Salamanca, puedo dar fe de ello, sin buscar protagonismo, sin aparecer en los primeros planos:

 

 

Gabriel Pérez ha estado en la línea que va el Papa Juan XXIII (sus primeros años de profesorado) al Papa Francisco de sus últimos años, testigos ambos de la misericordia de Dios, que han marcado el principio y final de su vida docente y de su pastoral al servicio del evangelio.
Nadie mejor que él para hablarnos de la misericordia de Dios en la vida de los hombres.
Nació el 3 de abril de 1925 en Villar de Peralonso (Salamanca) y recibió la ordenación sacerdotal el 11 de junio de 1948 en Salamanca. Cursó sus estudios de Teología en la UPSA, donde se doctoró en 1972 y Sagrada Escritura en el Instituto Bíblico de Roma.
 

Posteriormente, fue profesor en la Facultad de Teología de la UPSA donde impartió, entre otras materias, Lengua Greco-Bíblica, Evangelio Sinópticos y cursos monográficos de Especialización.

 

 

Asimismo, fue decano de la facultad de Teología de la UPSA en dos periodos, entre 1974 y 1977 y 1984 y 1987. También, en 1980 pasó a ser catedrático de Nuevo Testamento y desde 1996, catedrático emérito de Sagrada Escritura de la UPSA.
El 20 de febrero de 1962 tomó posesión como canónigo de la Catedral de Salamanca, y desde el mes de julio de 1998 hasta octubre de 2003 ejerció como deán de la misma. Fue vocal del Patronato del Hospital de la Santísima Trinidad y delegado del sector Clero Catedral en el Consejo Presbiteral del 3 de junio de 1996 y miembro del Consejo Presbiteral en varias ocasiones.
 

Entre sus obras:

 

 

-- Josué en la Historia de la Salvación (La Casa de la Biblia, 1972);
-- La literatura sapiencial (Promoción Popular Cristiana, 1988);
-- Cartas a los Efesios, Colosenses, Timoteo, Tesalonicenses, Hebreos (Sociedad de Educación Atenas, 1990);
-- Perspectivas sobre la familia (Espigas y Azucenas. Instituto Teológico de Murcia, 1994);
-- Los sabios de Israel. Aportación a la historia salvífica (UPSA, 2003);
-- Presencia de Dios y el templo (Cabildo Catedral Salamanca, 2007);
-- Presencia de Dios y el Espíritu Santo (Cabildo Catedral Salamanca, 2012);
-- Relatos bíblicos. Pasión, muerte y resurrección de Jesucristo (Cabildo Catedral Salamanca, 2015).
Damos gracias a Dios por la vida de Don Gabriel al servicio del Reino. Su bondad y su entrega permanecen entre nosotros.
Rosario Hernández, ssj
 
 

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