miércoles, 20 de septiembre de 2017
Qué celebramos el 1 de julio
Visitas 961
Junio 2008

 

Secretariado Bonifacia Rodríguez

 

 

Qué celebramos el 1 de julio

 

El 1 de julio de 2000, aquel año ya lejano que abría las puertas al siglo XXI, tuvo una especial significación para las Siervas de san José: el Vaticano reconocía las virtudes heroicas de nuestra fundadora.

 

La coincidencia con la fecha de aprobación pontificia de la Congregación nos llenaba de alegría, ya que el 1 de julio dejaba de ser una celebración con deje de tristeza por la no aprobación de la casa de Zamora. El reconocimiento de la santidad de Bonifacia por Juan Pablo II llenaba aquel importante vacío. Desde entonces el 1 de julio tiene para nosotras un nuevo sabor histórico y afectivo.

 

Para celebrarlo el martes que viene, recordemos alguno de los párrafos más significativos del Decreto de virtudes, leído aquella mañana en presencia del papa. Recoge las primeras palabras de la Iglesia sobre nuestra fundadora:

 

“Por encima de todo, revestíos del amor, que es el vínculo de la perfección” (Col 3,14), dice al comienzo, como frase bíblica que expresa la vida de Bonifacia. Y prosigue: “Cultivó con perfección el precepto de la caridad la Sierva de Dios Bonifacia Rodríguez Castro, que trabajó denodadamente a favor de la promoción humana y cristiana de las jóvenes trabajadoras, y perseveró en la misión a ella encomendada por la Providencia, soportando con ánimo fuerte y misericordioso las injusticias y penalidades, que guardó en lo íntimo de su corazón […].

 

Fija la mirada en la santa Familia de Nazaret, practicó con sencillez de corazón la oración y el trabajo, el silencio y la pobreza evangélica, y dedicó su vida a socorrer gratuitamente a las chicas pobres, dando valor al trabajo humano.

 

Mientras vivía en Zamora, con frecuencia decía a las hermanas: ‘La Sagrada Familia ha de ser nuestro modelo’, y añadía: ‘San José es el principal modelo y protector de la Congregación’. La Madre Bonifacia se entregó y encomendó al Bienaventurado José de tal manera que siguió las huellas de Jesús que oraba y trabajaba en Nazaret, contemplación habitual de su mente. Fue austera, humilde, casta, justa para con Dios y el prójimo, fuerte en las contrariedades, perseverante en el bien, prudente en su propia vida consagrada y en el gobierno de su Instituto, humilde con todos.

 

La Sierva de Dios se preparó para la muerte con la misma sencillez con que había vivido […]. Recibidos los sacramentos con gran fe, orando salió al encuentro del Señor, que la introdujo en la eternidad la tarde del día 8 de agosto de 1905”.

 

Sintámonos unidas en torno a Bonifacia y en comunión fraterna todas las Siervas de san José el próximo 1 de julio, y pongamos nuestra oración en manos de san José y de nuestros fundadores Butinyà y Bonifacia para que, como ellos, seamos fieles a los planes de Dios sobre la Congregación en el hoy de nuestra historia.

 

Un fuerte abrazo,

Victoria López, ssj

Roma, 26 de junio de 2008

Dosatic S.L. © 2017
Site desarrollado por DYNAMO 3.5

Política de Privacidad