miércoles, 20 de septiembre de 2017
Artículo Sobre Bonifacia
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Adela de Caceres

LAS HUELLAS DE UNA SANTA

Una salmantina, Bonifacia Rodríguez de Castro, beatificada por Juan Pablo II en el 2003, es noticia desde que el Papa Benedicto XVI anunció en esta Pascua su próxima canonización.
Su paso por la Historia ha dejado sus huellas en su ciudad, en el mundo y en la Iglesia desde la humildad e irrelevancia.
Bonifacia nació en esta ciudad de Salamanca el 6 de Junio de 1837en una pequeña casa, de una de las calles que rodean la Catedral, en la Calle de las Mazas, en el seno de una familia de artesanos laboriosos y de una fe profunda expresada en la caridad con el prójimo.
La primera huella de Bonifacia en esta ciudad la encontramos en la partida de su bautismo, celebrado en la Catedral Vieja, en ella podemos ver cómo todos sus ascendientes son salmantinos, sus padres, sus abuelos y sus padrinos. Nadie sospechó en aquella mañana del 10 de Junio el futuro de aquella niña que era incorporada a la Iglesia en medio de la sencillez y la pobreza.
Bonifacia iba creciendo en el anonimato como una mujer de la intrahistoria salmantina como diría Unamuno. Salamanca aun no se había recuperado de las ruinas que dejaron en ella las tropas de Napoleón, estaba sumergida en una sociedad tradicional, en un artesanado decadente, y sin que aparecieran síntomas de la revolución industrial. La Universidad había perdido su prestigio y transmitía enseñanzas ya caducas. Sin embargo la belleza arquitectónica de la ciudad estaba intacta, Bonifacia pudo verla cada día cuando transitaba por la calle de Libreros   hacia la Clerecía , donde acudía a la oración,.
Otra huella de Bonifacia la encontramos en los Censos de Población que el Ayuntamiento hacía de forma periódica. En ellos la vemos crecer año tras año, en su juventud aparece como una mujer “que sabía leer y escribir y de oficio cordonera“, todo un lujo para una mujer trabajadora del S. XIX donde el analfabetismo era lo normal, lo mismo que la falta de cualificación laboral.
En la calle Traviesa, frente a la Universidad, Bonifacia montó su Taller de cordonería y pasamanería, que al mismo tiempo que era centro de trabajo, fue también el lugar de encuentro de amigas reunidas para la oración y la promoción laboral femenina, que constituyeron la Asociación Josefina.
La vida de Bonifacia hubiera transcurrido sencillamente volcada en su trabajo y en la oración, si no hubieran estado en Salamanca dos catalanes, el Obispo Fray Joaquín Lluch y el jesuita P. Francisco Butiñá; los dos conocían de primara mano la revolución industrial y sus consecuencias, sobre todo para la mujer .Esto les preocupaba y querían una solución para las jóvenes de la clase trabajadora, ”porque en estos países (Castilla) no había ninguna industria y las jóvenes no tenían qué hacer y se perdían“, no había futuro para ellas.
El taller de Bonifacia va a ser la solución para este problema social. “No había en Salamanca instituciones que cuidaran de las jóvenes de condición modesta, que las apartasen de los peligros que corrían, que les enseñasen el catecismo y las habilitasen para ganarse el sustento por si mismas”. Francisco Butiñá conocía a Bonifacia y su taller, conocía su bondad, su solidaridad y amor al trabajo y le propone : ”Vamos a fundar una Congregación con el nombre de Siervas de San José”, que respondiera a ese desafío social. Bonifacia acepta.
El 7 de Enero de 1874 el Obispo aprueba la nueva congregación, “distinta a las antiguas”, una congregación salmantina por su origen y por las que la inician; todas eran salmantinas.
Su objetivo, hacer del trabajo oración, acoger en el taller, en condiciones de igualdad, a las mujeres pobres sin trabajo , enseñarles un oficio para que “se ganasen el pan”, fomentando al mismo tiempo la industria.
Bonifacia y sus compañeras, antes que se generalizara el tema de la mujer trabajadora, emprende el camino de la liberación de la mujer para que vivan el trabajo con dignidad e independencia económica, se “ganarían el pan con el sudor de su rostro”. Tal vez Bonifacia no se percató de las consecuencias de este proyecto para la mujer sometida en aquella época a la tutela del padre o del marido.
Un grupo de mujeres salmantinas con Bonifacia a la cabeza , trabajadoras, pobres, sencillas, y sin relevancia social, irrumpe en la sociedad y en la Iglesia con un proyecto de vida religiosa a favor de la mujer, utópico, audaz y novedoso. El rechazo no se hizo esperar.
Al aprobarse la Congregación, el taller de Bonifacia se llamará Taller de Nazaret por tener de modelo el Taller donde Jesús, María y José, eran trabajadores .
El primer taller de Nazaret de la Congregación nació en la casa de Bonifacia, allí estuvo la primera pequeña comunidad compuesta por siete mujeres, luego la comunidad vivió en la calle de Placentinos y de allí pasó al Colegio de los Ángeles, en la calle Libreros, lugar donde hacen los primeros votos las Siervas de San José en la iglesia de San Millán; el Taller se amplia y surgen los primeros problemas de incomprensión de un estilo de vida religiosa diferente.
Luego pasan a la Casa de Santa Teresa en 1881. La prensa local dijo “que en la Casa de Santa Teresa viven unas religiosas llamadas Siervas de San José, que tienen por fin la industria manufacturera, enseñándola a las niñas pobres y dando albergue y trabajo a las jóvenes desempleadas”. Hoy este taller está vacío pero tiene una misión: evocar la mirada compasiva de Bonifacia sobre el mundo trabajador del S, XIX y de su solidaridad con los pobres.
Desde los comienzos, la obra de Bonifacia fue incomprendida, minusvalorada, considerada inviable,” cosa de locos” y se comienza a combatir desde fuera y desde dentro de la Iglesia. Bonifacia resiste convencida de la llamada que Dios le ha hecho a favor de la mujer pobre. Su comunidad “no acepta este objetivo” y es destituida de su cargo de superiora.
 En esta situación funda otro Taller de Nazaret en Zamora, donde pudo dedicarse a las niñas y jóvenes pobres y desempleadas hasta su muerte. “Al salir de Salamanca dijo con el corazón partido de dolor: ya no volveré más a la tierra que me vio nacer, ni a esta querida Casa de Santa Teresa”.
En Zamora vive con intensidad su vocación de trabajadora imitando a Jesús Trabajador en Nazaret, Señor y Siervo, y perdonando en silencio.”Se distinguió especialmente por el cuidado de las niñas y jóvenes acogidas, instruyéndolas en la lectura, escritura, en el catecismo y en las labores propias de las menestralas trabajadoras que sirviendo o en el taller tenían que ganarse el pan con el sudor de su frente”.
 Sufre en silencio, añoraba su ciudad de Salamanca. Muere en Zamora el 8 de Agosto de 1905.
Pasaron varios años de anonimato y olvido de Bonifacia, poco a poco su recuerdo se va abriendo. En 1945 sus restos son trasladados de Zamora a Salamanca como una forma de reivindicación de su pertenencia a esta ciudad. Sus restos se encuentran en la Capilla del Colegio Sagrada Familia en Marquesa de Almarza nº 1. Es una huella más de Bonifacia en su ciudad, Salamanca.
En este momento en que la Iglesia confirma su vida evangélica y la eleva a la categoría de Santa de la Iglesia Universal, su figura sencilla y humilde, se hace cada vez más próxima. Es importante descubrir las huellas que Bonifacia ha dejado en el mundo y en la Iglesia a través de su Congregación, presente en los cinco continentes.
 
Adela de Cáceres Sevilla
                                                                                                             Sierva de San José
 
Publicado en el “Adelanto” de Salamanca
El 3 de junio de 2010

 

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