jueves, 25 de mayo de 2017
Francisco Butinyà i Hospital
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Fundador de las Siervas de San José y de las Hijas de San José

 

Francisco Butinyà: profeta en


tiempos difíciles  

 

Su correspondencia

 

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Poner nombre a las experiencias, voz a las decisiones y pies al caminar histórico de Francisco Butinyà es acercarse a un tiempo original cargado de promesas y frustraciones, es entender desde la mirada concreta de un hombre lo que fue su siglo. Los libros nos narrar los grandes acontecimientos, las líneas de interpretación de una época, pero recuperar la historia concreta de un ser humano es abrirse a una nueva comprensión de lo real, hacer memoria existencial del pasado que nos toca y que no podemos olvidar. Es, en definitiva, conocer la vida de alguien concreto, anclado y limitado por su tiempo, pero, a la vez, capaz de interrogarlo, abrirle posibilidades y presentarlo de forma única e irrepetible.

Francisco Butinyà, a caballo entre el anonimato y el protagonismo, tomó en sus manos la realidad que le tocó vivir, supo hacerla avanzar, abrirle nuevos espacios, desde su peculiar dinamismo personal, audaz y comprometido. Su vida, más allá de las circunstancias concretas, se nos muestra como una metáfora significativa y original de su época. Desde ella supo intuir, soñar más allá. Su pasión por la verdad, su dinamismo evangelizador y su búsqueda continua de respuestas a las preguntas significativas de su tiempo, lo impulsó con valentía a la acción, a poner una palabra sincera en su entorno y su vida al servicio del evangelio.

Francisco Butinyà, sobre todo, fue un profeta y la profecía es un tesoro precioso en cualquier época porque nos impide conformarnos con lo que hay, desafía nuestra autenticidad y nos impele a una reflexión madura y sincera de lo que nos toca vivir. El profeta desinstala nuestros principios, nombra a Dios de forma nueva y encarnada desde la seguridad de quien confía en la continua y radical novedad de Dios. Es esa continua presencia creadora que no nos deja fijar nuestra residencia, sino que nos invita a ir más allá de nuestras expectativas, que cuestiona nuestros valores y se hace compañera de camino infatigable, poniendo ante nosotros/as una nueva etapa, sin dejar que nos anclemos en la tranquilidad de nuestra existencia.

Hoy tenemos problemas nuevos, y quizá lo que él nos aporte no sean sus soluciones, ni orientaciones concretas, sino el horizonte desde donde mantuvo la pasión y el compromiso con su mundo, la hondura donde sostuvo su fe y los dinamismos interiores que le hicieron ser el que fue y le ayudaron a dar siempre un paso al frente ante los conflictos, carencias y novedad de su tiempo. Su testimonio puede encontrarnos hoy en esa encrucijada donde se encuentran la realidad y la utopía y recordarnos dónde están las auténticas raíces que sostienen los proyectos, nutren los ideales y refrescan la savia que da sentido a la vida.

Con su palabra anunció un nuevo rostro de Dios, en un tiempo y una época que parecía dejarle escapar. Su mirada intuyó nuevos espacios de compromiso, que preñaban en su seno una nueva inculturación para el evangelio en medio del mundo trabajador y pobre.

Con sencillez pero con pasión fue jesuita y fundador en el corazón de una iglesia temerosa de lo nuevo. Su honestidad y su amor a la verdad hicieron difíciles algunos momentos de su vida, pero su empeño diario, su compromiso con los/as mas pobres y su generosidad al poner sus dones al servicio de los/as demás cambiaron el mundo, aunque muchos/a no lo percibiesen.

Emprendedor, sabio y peregrino incansable de la palabra de Dios, Francisco Butinyà se dejó seducir por aquel hogar sencillo y cotidiano que Jesús, María y José hicieron posible en Nazaret y allí encontró una respuesta creyente para los trabajadores y trabajadoras de su época.

Como Jeremías o Amós, su palabra y su praxis se hicieron también acción simbólica. El taller josefino dijo más allá de cualquier discurso que una vez más Dios ponía en manos de la humanidad su respuesta salvadora. En él se encarnaba una manera de vivir y de entender el mundo, en medio del trabajo diario, la convivencia y la solidaridad. Su aparente insignificancia quebró los grandes discursos y devolvió la dignidad a los hombres y mujeres que ganaban el pan con el sudor de su frente.El trabajo y la oración hermanados fue la constante en su vida que dejó como herencia a la familia josefina. Sus manos acariciaron igual la máquina que la pluma, acompasando su corazón al ritmo de Dios.

Fue un intelectual moderno, un jesuita austero, un catalán comprometido con su tierra y su gentes, siempre abierto a aprender en cada encuentro, en cada conversación, en cada viaje.

Vivió con valentía, no temió el oleaje de la historia, ni se encogió ante los retos a los que su época se enfrentaba. Buscó respuestas con audacia y no se dejó atrapar por las seguridades inmediatas.

Fue un profeta en tiempos difíciles, al que hoy podemos seguir escuchando en los nuestros, no menos revueltos y sorprendentes que los suyos. Su biografía, sus escritos, su actuar, más allá de las concreciones culturales y existenciales que lo marcaron como persona, quizá puedan iluminar nuestro horizonte humano y animarnos a poner nuevas voces a la experiencia de Dios que nos habita y a llenarla de compromiso en los pequeños espacios cotidianos que hoy compartimos, en medio de los desafíos y las urgencias que el complejo, difícil y apasionante mundo en el que vivimos nos plantea.

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