100 Aniversario en Cuba
Oración de los 100 años
¡Ya estamos en centenario en Cuba!
Conoce la historia en dibujos animados -1926 a 2026-
Con mucha alegría les invitamos a celebrar y agradecer los cien años de nuestra presencia en Cuba.
Una hermosa historia para contar y compartir; una oportunidad de conocer el carisma josefino y su semilla sembrada en suelo cubano.
Cien años para dar gracias a Dios por todo lo vivido, cada persona y lugar asociados a nuestra vida y misión en Cuba
Conoce aquí la historia
https://youtu.be/Jtq9pe33Dpg
PERMANECER, COMO SAN JOSÉ
Inicia el Centenario de la presencia de las Siervas de San José en Cuba
A pesar de la lluviosa tarde de este 19 de marzo, un nutrido grupo de fieles de diversas comunidades de la ciudad de Santa Clara se congregó en los predios de la S.I. Catedral para celebrar la solemnidad de San José. La ocasión tuvo un matiz especial: agradecer a Dios por los 100 años de presencia de las religiosas Siervas de San José en Cuba.
Monseñor Arturo González Amador inició su homilía con una pregunta profunda: “¿Qué mérito tuvo José para que lo llamemos San José?”. Él mismo ofreció la respuesta basada en los Evangelios: “José es el que está, el que permanece, el que acompaña y defiende a la Virgen y al Niño Dios”.
El Padre Obispo profundizó en este concepto de “permanecer”, distinguiendo dos formas muy diferentes de hacerlo. “Hay una permanencia por obligación, por resignación, por aguantar, porque no queda más remedio”, explicó. “Esa permanencia nos convierte en amargados”. Sin embargo, contrastó esta visión con la de San José: “En José vemos a un hombre que permaneció junto a la Virgen iluminado por la fe. Afrontó todas las realidades de la vida desde esa óptica, corriendo los riesgos de ser custodio y protector, incluso con peligro para su vida por salvar al Redentor. La permanencia de José nos descubre la paz, el amor, la entrega y la presencia”.
Las palabras del Padre Obispo también fueron un cálido homenaje a las Siervas de San José, con motivo del centenario de su llegada a la Isla. Al invitarlos a mirar las raíces de esta congregación, recordó al padre Butiñá, a la madre Bonifacia y a aquellas primeras Siervas “que con gran valentía cruzaron el Atlántico hasta el Caribe”. Se preguntó entonces: “¿Por qué lo hicieron? Emprendieron el camino porque una llama ardía en su corazón: la llama de la fe y del amor a Jesucristo. Esa llama no se consume en lo interior, sino que busca iluminar a todos. Esa fue la razón por la que dejaron su tierra y ‘quemaron las naves’ al llegar a esta Isla. Aquella pequeña semilla fue sembrada, se volvió árbol y dio frutos”.
Mons. Arturo estableció un paralelismo entre la fe de San José y la de estas religiosas: “Así como la fe hizo fecunda la vida de José de Nazaret, también la fe en el corazón de ese grupo naciente fue lo que las impulsó a configurarse con Cristo, a amarlo y a mostrar ese amor a los demás. Esa misma fe las hizo permanecer en esta tierra, incluso cuando llegó el momento de la poda en el año 1961”.
Con emotividad, recordó a las que vivieron aquellos difíciles momentos: “En el guión de la Misa se mencionaba a la madre Margarita, a la madre Esperanza y a la madre Artemia, a quienes tuvimos la suerte de conocer. Cuando muchos decían ‘hay que huir’, cuando les quitaron el colegio y todo fue intervenido, la valentía y el coraje marcaron su permanencia. Pero también la astucia, porque Dios nos dio la inteligencia para algo. Apenas tres mujeres dijeron: ‘nos la jugamos toda’ y buscaron la manera de permanecer para acompañar desde la fe a este pueblo”.
Finalmente, el Obispo dirigió un mensaje de gratitud y de esperanza hacia el futuro: “Hoy hay que decir ¡Gracias! Gracias a las de ayer, a las que ya partieron, por seguir estando entre nosotros. Y también hay que decirles a las hermanas de hoy qué esperamos de ustedes. ¿Qué le pedimos a las Siervas de San José en nuestra tierra en este tiempo? Que su corazón arda apasionadamente por Jesucristo. Eso es lo propio de la vida religiosa, y todo lo demás se deriva de esto. Es lo que de verdad esperamos de ellas y es lo que le pedimos al Señor para cada una”.
Oficina de Prensa del Obispado de Santa Clara
Omar Vega Rodríguez