NUESTRA MISIÓN
Desde Nazaret, nos abrimos y transformamos el mundo
Somos una Congregación multicultural que vive en diálogo con las distintas realidades.
Las Siervas de San José somos mujeres consagradas que seguimos a Jesús en Nazaret desde una espiritualidad encarnada, profética y transformadora.
Trabajamos en red, compartiendo vida, carisma y misión con laicas y laicos josefinos, y con todas las personas que creen en un mundo más justo, solidario y humano, y se comprometen con la experiencia de Nazaret.
Nuestra misión nace del deseo profundo de hacer presente el Reino de Dios en el mundo del trabajo, especialmente entre las mujeres trabajadoras más vulnerables.
Creemos que trabajar es orar y transformar, que el Evangelio se encarna en lo cotidiano y que el amor de Dios se expresa también en la dignidad de cada tarea.
Nuestra forma de vivir el Carisma es fuerza profética, que sigue llamando hoy a nuevas mujeres a unirse a este proyecto
Comunidades-Taller comprometidas con el mundo
Vivimos en Comunidades-Taller, en las que el trabajo es un espacio de encuentro, de oración y de compromiso con la vida.
La Comunidad-Taller es el núcleo vital en el que se recrea nuestro Carisma. Es el espacio en el que cultivamos la sensibilidad hacia la creación, el cuidado de la tierra y la dignidad de toda persona.
En nuestras Comunidades-Taller compartimos los dones recibidos, las relaciones y el discernimiento para vivir el Evangelio y hacer presente el Reino de Dios. En ellas aprendemos a ofrecer la vida, a sostenernos unas a otras y a comprometernos con la transformación del mundo desde lo pequeño y cotidiano.
Queremos vivir como discípulas de Jesús de Nazaret, comprometidas con la dignidad y los derechos de las mujeres trabajadoras pobres, sembrando esperanza donde la vida se vuelve más frágil y acompañando procesos de justicia, crecimiento y libertad.
Una espiritualidad para la Misión
Vivimos una espiritualidad que hermana oración y trabajo a fin de recrear el modo de vida de la Sagrada Familia en Nazaret.
En cada tarea, en cada encuentro, en cada gesto, descubrimos a Dios que camina a nuestro lado y sostiene la vida. La espiritualidad que brota de Nazaret nos hace discípulas de Jesús, y nos compromete para trabajar por la dignidad y los derechos de las mujeres trabajadoras pobres.
Esta espiritualidad nos anima a apoyar e implicarnos en acciones y procesos en favor de la justicia y el cuidado de toda la creación.